Edades e ideas del amor y la poesía
Un ciel liquide qui parsème
D'étoiles mon coeur!
Baudelaire
Usar una misma palabra para nombrar muchas otras cosas que son entre sí diferentes, ocurre con demasiada frecuencia; problema común en todas esas enormes palabras estandarte. ¿Y si después de las palabras no sobrevive la palabra? (Vallejo). Como rendirle culto a un tótem sin rostro, hablar tanto de la palabra “Amor” ha contribuido a distanciarnos de la belleza que nos ofrece la casualidad del mundo.
I. Los chicos
Se puede amar la belleza solo porque la belleza no es el amor. Racionalizar el amor es darle un uso. Novalis que era un poeta y un mago nocturno comprendió, a sus escasos diecisiete años, que lo único con lo que termina la muerte es con la reducción. No existen poemas de amor porque en ningún momento la poesía ha sido temática. “El tema de la poesía es la poesía“ (Gelman). Es frecuente que la forma de una persona sea aquello que convoque en el poeta el momento para escribir un poema, lo mismo, un auto de carreras o un pedazo de papel sobrevolando las banquetas. Parece que el amor populariza la personalidad o hace a los individuos comunicables y comprensibles. La poesía disuelve la existencia ajena en la suya propia. Ser niño, ser mago…, da igual. No se ama el amor, se ama. “Estamos cerca del despertar al soñar que soñamos“ (Novalis).
Creo en el mundo como en una margarita
porque lo veo. Pero no pienso en él,
porque pensar es no comprender...
El mundo no se hizo para pensar en él
(pensar es estar enfermo de los ojos)
sino para mirarlo y estar de acuerdo...
Alberto Cairo
III. La fiera calma del mediodía
La belleza es difícil (Hopkins). En el bosque una tarde un fauno despierta de un sueño donde dos ninfas se escapan de sus manos. Adormilado aún, el fauno se pregunta si fue sólo una ilusión. ¿Será que los ojos de una de ellas fueron sugeridos por el rumor de un manantial cercano o que la otra, acaso fuese el roce que su mejilla confundió con la brisa? ¿Será que la música ágil de la flauta podría llegar a tocarlas? Quién sabe. Cansado del velo de sus sospechas, el fauno corre y se disuelve el sueño. Con el fauno de Mallarmé uno comprende al menos tres cosas: que más que la estructura, un verso es el rastro “que se puede captar del movimiento de la conciencia” (Valéry), segundo “la física no es sino la ciencia de la fantasía” (Novalis) y, por último, que al nombrar el mundo, el poeta en el vacío de la hoja en blanco, encuentra la liberación de la nada, porque la red de las percepciones de los aspectos que se inauguran son inesperadas y bellas.
Tomado de El pez náufrago 2, Jesús Coss




